Hay artistas que se acercan al lienzo con una imagen cuidadosamente definida en mente, y otros que entran en el estudio en busca de algo desconocido. Joxan Iza pertenece claramente a este segundo grupo.
Desde su estudio en el País Vasco, rodeado de naturaleza y alejado del ritmo acelerado del mundo del arte contemporáneo, comienza cada pintura sin un destino predeterminado.
Esta idea se encuentra en el centro de la práctica de Joxan. En lugar de imponer una imagen sobre el lienzo, entiende la pintura como un proceso de descubrimiento, permitiendo que las posibilidades emerjan a través del propio acto de pintar.
Las formas se superponen, los colores responden unos a otros y los gestos se realizan, se reconsideran y se transforman. La pintura se desarrolla a través de esta acumulación de decisiones y accidentes hasta que relaciones inesperadas comienzan a establecer una lógica interna propia. Sus obras no son, por tanto, ilustraciones de ideas concebidas de antemano, sino registros de un proceso en el que el descubrimiento es tan importante como la intención.
Su enfoque se vio moldeado en parte por sus años en París, donde estudió en la École Nationale Supérieure des Beaux-Arts. Vivir en la capital francesa le permitió acceder a sus museos, galerías, salones y ferias de arte, mientras que sus primeros encuentros con la pintura impresionista dejaron una huella especialmente profunda en su manera de entender el color y la luz.
Sin embargo, sus referencias van mucho más allá de un único movimiento. El Expresionismo Abstracto, el Informalismo, el Constructivismo y la pintura tradicional china forman parte de su vocabulario visual. Entre sus referentes cita figuras tan diversas como Jean Tinguely, Gerhard Richter, Vladimir Tatlin, Alexander Rodchenko y Sam Francis, junto a Kunstformen der Natur de Ernst Haeckel y la utópica New Babylon de Constant Nieuwenhuys.
Lo que quizá conecta estas influencias aparentemente tan distintas es una fascinación por los sistemas abiertos a la transformación: estructura y azar, orden y espontaneidad, lo construido y lo orgánico.
Dentro del estudio
El estudio ocupa un lugar especialmente importante dentro de este proceso. Joxan trabaja solo y considera la intimidad y la concentración condiciones esenciales para pintar.
Pintar se convierte así en un acto introspectivo: una forma de acceder a emociones, recuerdos e impulsos que aparecen antes que el pensamiento racional. Cada lienzo se desarrolla a través de un diálogo entre decisiones conscientes y gestos espontáneos hasta que, finalmente, algo se resuelve.
Joxan describe la finalización de una pintura como un insight: un momento de reconocimiento, más que la ejecución de un plan predeterminado. Algunas pinturas alcanzan ese punto casi sin esfuerzo; otras requieren una intervención continuada antes de que su potencial termine por revelarse.
Leer a Joxan Iza a través de sus obras
Las obras actualmente disponibles en el marketplace de Fernando Durán ofrecen la oportunidad de ver cómo estas ideas se materializan en distintos momentos de la trayectoria de Joxan.
En Sin título AA (2020), la composición es comparativamente abierta y contenida. Zonas de color, líneas y espacios vacíos conviven sin quedar sometidos a una estructura pictórica convencional. La obra demuestra cómo la ausencia puede ser tan activa como el gesto: las zonas sin intervenir permiten que las marcas individuales y los colores establezcan sus propias relaciones.
Panoramika I (2008) y Central Park (2008) revelan un lenguaje visual más denso. Capas de color y líneas entrecruzadas crean composiciones que parecen oscilar entre la abstracción y fragmentos de un paisaje urbano imaginado. En lugar de ofrecer una visión literal, invitan al ojo a recorrer la pintura y descubrir relaciones entre estructuras, colores y gestos.
Las más recientes ZATIXAK II (2025) y ZATIXAK XII (2025) muestran una evolución posterior de este lenguaje. El color adquiere un carácter cada vez más atmosférico, mientras que los gestos parecen emerger, desaparecer y reaparecer bajo sucesivas capas.
Vistas en conjunto, obras separadas por casi dos décadas permiten rastrear tanto el cambio como la continuidad en la práctica de Joxan. Su lenguaje visual evoluciona, pero las preguntas de fondo permanecen: ¿cuánto puede controlarse?, ¿cuánto debe dejarse en manos de la intuición?, ¿y en qué momento empieza una pintura a revelar algo que ni siquiera el propio artista había anticipado?
Esto es también lo que hace que convivir con una pintura abstracta sea distinto a encontrarse con ella una sola vez. No existe una única narrativa que deba comprenderse. Las relaciones entre colores, formas y gestos pueden revelarse poco a poco, mientras que la percepción del espectador sobre la obra puede cambiar con el tiempo.
Esa libertad es central en la manera en que Joxan entiende lo que sucede cuando una pintura sale de su estudio. El proceso del artista puede haber llegado a su conclusión, pero la vida de la obra no.
Construir una casa sobre el tesoro
Para Joxan, la relación entre una pintura y la persona que finalmente convive con ella no es pasiva. El significado continúa construyéndose mucho después de que la obra abandone el estudio.
Cuando se le pregunta qué le gustaría que permaneciera en alguien una vez que una de sus pinturas entra a formar parte de una colección, su respuesta llega a través de una fuente inesperada: los hermanos Marx.
‘¡Debajo de esa casa hay un TESORO!’
‘Pero si no hay ninguna casa.’
‘Pues la construiremos.’
Creo que las obras de arte son esa casa que construimos encima del tesoro.” Joxan Iza
Es una metáfora maravillosamente sencilla para entender la manera en que Joxan concibe la pintura.
El tesoro no es necesariamente algo que el artista pueda mostrarnos de manera directa. Puede ser la memoria, la emoción, la imaginación, el instinto o algo que quizá ni siquiera pueda expresarse del todo con palabras. La pintura se convierte en la estructura construida alrededor de ese tesoro, dando forma visible a algo que de otro modo permanecería oculto.
Y una vez que esa pintura entra en una colección, comienza otro proceso. El coleccionista aporta sus propios recuerdos, asociaciones e interpretaciones a la obra. Lo que Joxan comenzó en el estudio continúa evolucionando a través de la experiencia de la persona que decide convivir con ella.
Quizá eso sea, en última instancia, lo que sus pinturas nos piden: no simplemente mirar, sino conservar la curiosidad suficiente para seguir descubriendo.
En Fernando Durán, nos complace presentar una selección de obras de Joxan Iza a través de nuestro marketplace de arte contemporáneo.